Los protoescritores como yo estamos condenados al limbo de nuestros blogs y las páginas de colegas que visitamos. Y, sin embargo, no podemos dejar de soñar con poder llegar con nuestras pequeñas historias al mayor número posible de lectores.
Esta discusión la manteniamos unos compañeros y yo durante la Hispacón del 2008, un poco pesarosos de saber que muy díficilmente alcanzariamos las posibilidades de distribución que una gran editorial tiene. Y tal vez no sólo por la supuesta menor calidad de nuestras obras.
Al final, como la necesidad es la madre de toda ciencia, se me ocurrío la posibilidad de crear una manera distinta de hacer llegar mis relatos a posibles lectores. Naturalmente es muy díficil conseguir que paguen por ellos ni siquiera el mínimo coste que supone su autoedición. Pero, sin embargo, tal vez no sea el mayor problema. Un autor a veces debe hacer sacrificios, incluso monetarios, si así lo siente (dentro de un orden, claro).
Esa es la base de mi idea, conseguir lectores aunque sea invirtiendo en ello. ¿No hay quien gasta fortuna en sus hobbys y aficiones? Pues hagamos lo mismo. Sembremos, y, dado que estás leyendo estas líneas, puede que algo recojamos.
Así he concebido lo que llamo el libro sin dueño, y se basa en tres leyes inamovibles:
PRIMERA: El libro sin dueño es, ante todo, un libro. No tiene sentido si no es leído. Necesita ser leído. Cada palabra. Si no lo vas a leer, dejalo pasar (esto es algo que es tan obvio para nosotros que resulta casí tonto de recordar, pero no veas la gente que se apunta a un libro gratis para luego olvidarlo en una estantería).
SEGUNDA: El libro sin dueño no tiene dueño pero tiene autor, y a éste le gustaría conocer tus opiniones y comentarios. Ve a su blog y cuéntale lo que se te ocurra sobre sus relatos. Cada comentario se agradece enormemente y es lo que lo mantiene vivo.
TERCERA: El libro sin dueño precisamente es eso, un libro que no tiene dueño. Si te ha gustado, recomiéndalo, préstalo, regálalo, déjalo, dónalo o muéstralo para envidia o regocijo de otros mortales. Cuantos a más llegue, más lo lean y más lo comenten, más feliz será y más alto llegará en el cielo de los libros.
Deciros que se han creado maldiciones expresamente concebidas para los infractores de cualquiera de estas tres leyes, así que ya estaís avisados.
Si has llegado hasta aquí porque has encontrado uno de ellos, por favor, no te vayas sin dejarme tu comentario, opinión, maldición o indiferencia.
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